Este azahar huele a Sevilla…
A orillas del Guadalquivir, y mucho más limpia y cristalina que la imaginada, esta ciudad de callecitas sigzaguentes, que a veces ni dejan pasar una carroza, me conquistó por sus aromas. Mirra, incienzo, lavanda y flor del naranjo, son algunas de las exquisitas mezclas que disparaba la brisa frente a la catedral, o las alcobas del Alcazar.

Me gustó:
La vista desde la Giralda de estilo mudéjar.
El laberinto de los jardines del Alcazar,  donde “los asuntos de Palacio, van despacio”.
El flamenco “under” de La caja negra, a la vuelta de La Alameda de Hércules.
El museo del baile flamenco,  una muestra de la nueva museología, con propuestas audiovisuales, interactivas, y sala de ensayo para imitar los pasos frente a la pantalla gigante, y un show de cierre que haceun buen equilibrio entre guitarra, canto y baile.
Tomar sangría en la taberna más antigua de España: 1380.
Me faltó:
Caminar del otro lado del Guadalquivir, y mirar la ciudad desde las canoas.
Ir al Museo Naval y al Archivo de Indias.
Comer naranjas además de las que arranqué de los árboles.
Pasear con las bicicletas públicas que tiene estaciones a lo largo de la ciudad.

Volvería en temporada de verano, para ver cómo  se transforma la ciudad con las corridas de Toros.

Este azahar huele a Sevilla…

A orillas del Guadalquivir, y mucho más limpia y cristalina que la imaginada, esta ciudad de callecitas sigzaguentes, que a veces ni dejan pasar una carroza, me conquistó por sus aromas. Mirra, incienzo, lavanda y flor del naranjo, son algunas de las exquisitas mezclas que disparaba la brisa frente a la catedral, o las alcobas del Alcazar.

Me gustó:

La vista desde la Giralda de estilo mudéjar.

El laberinto de los jardines del Alcazar,  donde “los asuntos de Palacio, van despacio”.

El flamenco “under” de La caja negra, a la vuelta de La Alameda de Hércules.

El museo del baile flamenco,  una muestra de la nueva museología, con propuestas audiovisuales, interactivas, y sala de ensayo para imitar los pasos frente a la pantalla gigante, y un show de cierre que haceun buen equilibrio entre guitarra, canto y baile.

Tomar sangría en la taberna más antigua de España: 1380.

Me faltó:

Caminar del otro lado del Guadalquivir, y mirar la ciudad desde las canoas.

Ir al Museo Naval y al Archivo de Indias.

Comer naranjas además de las que arranqué de los árboles.

Pasear con las bicicletas públicas que tiene estaciones a lo largo de la ciudad.

Volvería en temporada de verano, para ver cómo  se transforma la ciudad con las corridas de Toros.